Parece un abuelo de pueblo: Que queda horrorizada por el aspecto y estilo de su cita y no se puede callar

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Una cita sin química en First Dates

First Dates, el programa de citas más romántico de la televisión, volvía a abrir sus puertas el pasado viernes para recibir a una nueva tanda de solteros en busca del amor. Carlos Sobera y Laura Boado eran los encargados de presentar a los comensales, que se enfrentaban a una velada llena de sorpresas. Y es que en el restaurante de Cuatro, nunca se sabe lo que puede pasar.

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Entre los protagonistas de la noche, destacaban Dori y José Antonio, dos jubilados de 75 años que llegaban con ganas de encontrar a su media naranja. Sin embargo, sus expectativas y gustos eran muy diferentes, y pronto se hizo evidente que entre ellos no había química.

Dori, una soltera presumida y moderna

Dori, una abulense divorciada desde el 2000, se definía como una persona presumida y activa. »Me gusta ir arreglada bien, lo mismo me da ir a comprar, a baile o a misa», decía. La soltera había tenido varias parejas después de su divorcio, y con todas se llevaba bien. Lo que buscaba era a alguien que le hiciera compañía y que fuera divertido.

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Su cita era José Antonio, un cántabro que se consideraba una »persona normal». »No me gustan las que van con minifaldas», afirmaba. El soltero se mostró encantado con Dori desde el primer momento, pero ella no quedó impresionada con su aspecto. »Me gusta que vayan mejor vestidos y que huelan a colonia. El jersey de lana para tomar un café al bar de al lado bien, pero para venir a un programa tan bonito como este…lo veo un poco tosco», opinaba.

Una conversación sin conexión

Laura Boado les acompañó hasta la mesa, donde empezaron a hablar de la soledad. Los dos coincidían en que disfrutaban de su tiempo libre, y que no necesitaban a nadie para ser felices. Dori contaba que se dedicaba a coser y a conducir, y que no le sobraba el tiempo. »Es majo y tratable, pero para una relación no», sentenciaba.

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La cita continuó sin que hubiera ningún acercamiento entre los solteros, que no sentían atracción física el uno por el otro. Además, la comunicación tampoco era fluida, y Dori confesaba que a veces no entendía lo que decía José Antonio. »Él tiene un estilo más de pueblo y yo soy más moderna», explicaba.

Un final sin sorpresas

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En un momento de la cena, los solteros encontraron un punto en común: su amor por el pan. José Antonio se animó y dijo que entre ellos podía haber algo bonito. »Si no le gusto, es que tiene mal gusto», bromeó. Pero Dori no parecía compartir su optimismo.

Al final de la cita, los solteros se animaron a bailar en la pista del restaurante, donde demostraron su ritmo y su simpatía. José Antonio se atrevió a pedirle una segunda cita a Dori, pero ella le rechazó amablemente. A pesar de todo, los dos se despidieron con un abrazo y quedaron como amigos.

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