«Te tienes que fijar en tres detalles»: El método infalible para diferenciar las grúas piratas que acuden al activar la baliza V16

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Alertas que conviene escuchar.

Hay avisos que no entienden de edades ni de profesiones, porque tocan algo tan cotidiano como moverse de un sitio a otro. Cuando una novedad promete hacernos la vida más fácil, también obliga a aprender pequeñas rutinas para usarla bien. Es el precio de vivir rodeados de herramientas que conectan, informan y, a veces, exponen más de lo que creemos. Por eso, cada cierto tiempo, reaparece el mismo mensaje: conviene estar atentos.

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La sociedad suele reaccionar tarde ante los riesgos pequeños, precisamente porque parecen improbables. Hasta que a alguien “le pasa” y el caso corre de móvil en móvil, el asunto se queda en anécdota. Sin embargo, los hábitos de prevención se construyen antes, con explicaciones claras y sin dramatismos. No se trata de desconfiar de todo, sino de reconocer patrones. Y de saber qué comprobar cuando llega el momento.

En carretera esa lógica se multiplica, porque la prisa, los nervios y la falta de referencias juegan en contra. Un incidente leve puede convertirse en un lío si entran en escena intermediarios oportunistas. La clave está en diferenciar la ayuda real de la que solo aprovecha la confusión. Por eso funcionan tan bien las listas cortas: pocos pasos, fáciles de recordar. Y, sobre todo, aplicables incluso cuando no hay cobertura perfecta o cuando cae la noche.

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Cuando la ayuda llega en carretera.

En los últimos meses, distintas advertencias han ido ganando espacio porque hablan de algo que le puede ocurrir a cualquiera: quedarse detenido en un tramo aislado y depender de asistencia externa. En esas situaciones, cualquier detalle —un mensaje, una matrícula, una señal en el vehículo— pesa más que mil explicaciones. La prevención, aquí, es una forma de tranquilidad: saber qué mirar para no improvisar. Y esa tranquilidad interesa a todo el mundo, precisamente porque nadie elige el lugar ni la hora de una avería.

En ese contexto entra la baliza V16, presentada como un avance de seguridad impulsado por la Dirección General de Tráfico (DGT). La idea es sencilla: hacer visible un vehículo parado y, además, comunicar su activación. El problema aparece cuando esa información, aunque no revele identidades, permite detectar que en un punto concreto hay un coche detenido. De hecho, se ha hablado de mapas que muestran balizas activas en tiempo real y de cómo eso puede atraer visitas no deseadas. No es para alarmarse, pero sí para añadir un par de comprobaciones básicas a nuestra “lista mental”.

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Según se ha ido contando, ya hay episodios en los que servicios no vinculados al seguro han llegado con rapidez a la zona del incidente. A veces el desenlace es un traslado con un cobro irregular; otras, el conflicto crece porque el conductor creía estar tratando con la asistencia oficial. También se han descrito situaciones en las que el vehículo acaba en un destino inesperado, con el consiguiente quebradero de cabeza posterior. El punto común es siempre el mismo: la persona al volante, sola y con prisa por resolver, no dispone de herramientas para confirmar quién le está atendiendo. Y ahí es donde conviene tener claras unas señales.

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Tres señales para quedarse tranquilo.

La primera comprobación está en tu propio seguro: revisa el SMS o la aplicación si la tienes instalada. Muchas aseguradoras permiten seguir la asistencia o, al menos, informan de la matrícula del vehículo que va a recoger el coche. Si puedes ver el trayecto o la distancia, tendrás un marco de referencia: quién viene y cuánto falta. Y si te han enviado una matrícula, contrástala sin prisa con la que ves cuando llega la grúa.

La segunda pista es visual y es normativa: la placa V-24 y el número REAV serigrafiado en el vehículo de asistencia. Son detalles pensados para identificar a quien presta el servicio en carretera, especialmente en un arcén o en una zona poco iluminada. Además, suele ayudar fijarse en el aspecto general: rótulos, identificación y señales externas coherentes con una empresa autorizada. Cuando faltan estos elementos, aumenta la duda y conviene extremar la cautela. No hace falta discutir: basta con parar, comprobar y llamar de nuevo al seguro si algo no encaja.

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La tercera clave es sorprendentemente sencilla: pide un dato que solo debería conocer quien lleva el parte de asistencia, como tu nombre. Si la persona que baja de la grúa puede decírtelo con naturalidad, es una señal de que viene con un encargo formal y con la información correcta. Si evita responder o se muestra evasiva, lo prudente es no precipitarse y volver a confirmar la gestión con tu aseguradora antes de entregar el vehículo. En los últimos días, estas tres comprobaciones se han convertido en tema de conversación, y las redes sociales se han llenado de comentarios de conductores compartiendo experiencias y recordando, una y otra vez, los tres detalles en los que hay que fijarse.

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