Puede salvar vidas: La policía recomienda abrir el coche «a la holandesa» a partir de ahora

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El gesto de medio segundo que puede evitar un accidente grave

Hay acciones cotidianas que se realizan de forma automática, casi sin pensar, y que sin embargo esconden un riesgo considerable. Abrir la puerta del coche es una de ellas. Lo que para la mayoría de conductores y pasajeros es un movimiento mecánico, repetido miles de veces a lo largo de la vida, puede convertirse en el origen de accidentes graves si no se realiza con la debida atención. En este contexto, la Guardia Civil lleva años insistiendo en una recomendación tan simple como efectiva que, pese a su sencillez, sigue siendo ampliamente desconocida o ignorada por gran parte de la población.

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Qué es abrir el coche “a la holandesa” y por qué importa

La técnica, conocida como “apertura a la holandesa” o Dutch Reach, consiste en algo aparentemente contraintuitivo: abrir la puerta del coche utilizando la mano contraria a la puerta. Es decir, si se trata de la puerta del conductor, se debe usar la mano derecha en lugar de la izquierda. Este pequeño cambio genera un efecto inmediato en el cuerpo, obligando a girar el torso, el cuello e incluso la cadera, lo que permite ampliar el campo de visión y comprobar de forma natural qué ocurre en la parte trasera del vehículo antes de abrir la puerta.

La biomecánica que puede salvar vidas

Detrás de este sencillo gesto hay una explicación clara: el cuerpo se ve forzado a adoptar una postura más segura. Al girarse, el conductor o pasajero no solo mira el retrovisor, sino que también reduce el ángulo muerto, uno de los puntos más peligrosos en entornos urbanos. Este movimiento permite detectar con mayor antelación la presencia de ciclistas, motocicletas u otros vehículos que podrían verse sorprendidos por una puerta que se abre de forma repentina. Sin este giro, lo habitual es que la puerta se abra directamente hacia el exterior sin una comprobación real del entorno.

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El “dooring”: un accidente más común de lo que parece

El tipo de siniestro que esta técnica ayuda a evitar tiene incluso un nombre específico: “dooring”. Se produce cuando un ciclista o motorista impacta contra la puerta de un coche que se abre inesperadamente. En países como Reino Unido se registran más de 700 casos al año, con consecuencias que pueden ser fatales. Estudios en ciudades como Vancouver o San Francisco estiman que este tipo de accidente puede representar hasta un 15% de los incidentes urbanos con ciclistas, lo que pone de manifiesto la importancia de adoptar medidas preventivas eficaces.

Una práctica habitual en Países Bajos

En Países Bajos, donde la convivencia entre coches y bicicletas forma parte de la vida diaria, esta técnica no es una recomendación: es una costumbre profundamente arraigada. Desde edades tempranas, los ciudadanos aprenden a abrir la puerta de esta forma, y su uso se refuerza incluso en las autoescuelas, donde no aplicarla puede suponer un suspenso. Esta cultura de seguridad ha contribuido a reducir significativamente los accidentes relacionados con la apertura de puertas en zonas urbanas.

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De Boston al mundo: cómo se popularizó la técnica

Aunque su origen práctico está en Europa, el término “Dutch Reach” fue acuñado por un médico estadounidense tras la muerte de una ciclista en Boston. Impactado por el suceso, impulsó un movimiento de concienciación que acabó extendiéndose a nivel internacional. Hoy en día, organismos como la Guardia Civil o autoridades de otros países promueven activamente esta práctica como una medida sencilla pero altamente eficaz para mejorar la seguridad vial.

Multas y normativa en España

En España, aunque no existe una obligación específica de abrir la puerta “a la holandesa”, sí existe una normativa clara sobre la responsabilidad del conductor y los ocupantes. El artículo 114 del Reglamento General de Circulación establece que está prohibido abrir las puertas sin asegurarse previamente de que no supone un peligro para otros usuarios. El incumplimiento de esta norma puede acarrear sanciones de hasta 260 euros, especialmente si se pone en riesgo a ciclistas u otros vehículos.

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Un hábito sencillo que marca la diferencia

La importancia de este gesto se multiplica en los asientos traseros, donde la visibilidad es más limitada y no se dispone de retrovisores. Aplicar la técnica obliga igualmente a girarse y comprobar el entorno antes de abrir. Se trata de un cambio mínimo en la rutina diaria que puede tener un impacto enorme en la seguridad. Medio segundo basta para evitar un accidente, una sanción o incluso consecuencias mucho más graves. Un gesto casi invisible que, sin embargo, lleva décadas salvando vidas en todo el mundo.

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