Felipe González rompe amarras con el PSOE actual

Felipe González ya no se muerde la lengua. A sus casi 84 años, el expresidente del Gobierno ha vuelto a escenificar su profundo desencanto con la deriva del Partido Socialista, la formación que ayudó a refundar en Suresnes en 1974 y que lideró hasta convertirla en una maquinaria electoral capaz de gobernar España durante casi 14 años. En un desayuno informativo celebrado en el Ateneo de Madrid, González dejó claro que su distancia con el PSOE de Pedro Sánchez no es táctica ni coyuntural, sino estructural. En las actuales circunstancias, aseguró, votará “en blanco”, no hará campaña por ningún partido y no contempla apoyar otras opciones. Una declaración que, más que un gesto personal, suena a ruptura simbólica con la dirección actual.
“España no funciona” y el fin del bibloquismo
Durante su intervención en Los Desayunos del Ateneo, el exlíder socialista trazó un diagnóstico sombrío del panorama político nacional e internacional. Habló de la ola conservadora y ultra que recorre Occidente y Europa y que, a su juicio, ha terminado recalando también en España. Lo interpretó como una reacción frente a lo que denominó un “bibloquismo perfecto”, un modelo de bloques enfrentados que se autoexcluyen y que, según afirmó, impide resolver problemas reales como el acceso a la vivienda o el deterioro de servicios públicos. “España no funciona”, sentenció, en una frase que resume su visión de un país atrapado en la confrontación permanente.
Pactos bajo sospecha: Bildu, Vox y la línea roja
Si hubo un punto especialmente espinoso fue el de los pactos parlamentarios del PSOE. González sorprendió al afirmar que él “no pactaría” con Vox, pero fue todavía más contundente al referirse a Bildu: “Pero a mucha más distancia estaría que yo pactara con Bildu”. Y lanzó una pregunta directa: “¿Es de verdad más legítimo pactar con Bildu que pactar con Vox?“. Para el expresidente, resulta inasumible normalizar acuerdos con formaciones que, a su juicio, no han pedido perdón ni han contribuido a esclarecer crímenes de ETA. “No pactaría ni de broma, ni de broma con la gente que ni siquiera ha pedido perdón ni ayuda a resolver algunos de los crímenes de ETA más abyectos”, remachó. Una comparación explosiva que ha sacudido al socialismo y que marca una línea roja personal que no coincide con la estrategia de Ferraz.
Presupuestos y Constitución: la crítica más institucional
Más allá de los pactos, González dirigió otra crítica de calado al Gobierno de Pedro Sánchez: la ausencia de Presupuestos Generales del Estado en tres ejercicios de la legislatura. A su entender, se trata de “una violación clara de la Constitución” y una situación que debería “ser causa para disolver y convocar elecciones”. El expresidente considera que un Ejecutivo no puede sostenerse indefinidamente sin presentar cuentas públicas, pues ello debilita la rendición de cuentas y el funcionamiento institucional. La acusación no es menor: cuestiona la legitimidad política del actual mandato.
Proyecto personal frente a proyecto de país
González también lamentó la falta de “autocrítica” y de “proyecto de país” tanto en el PSOE como en el PP de Alberto Núñez Feijóo, a quien tampoco ve como alternativa ilusionante. Del presidente del Gobierno dijo que, más que un plan para España, percibe un proyecto personal “para salvarse”. Incluso evocó la expresión utilizada por el ministro Óscar Puente al referirse a Sánchez como “el puto amo” para reflexionar que “cuando hay un amo es que hay siervos”. Aunque reconoció cierta “similitud” entre las campañas de desgaste que sufrió en los años noventa y las que hoy afectan a Sánchez, recordó que cuando perdió las elecciones no intentó gobernar “de cualquier manera”.
Malestar en el PSOE y respuesta inmediata
Las palabras del histórico dirigente no han caído en saco roto. En el seno del PSOE y del Gobierno han generado evidente incomodidad. El portavoz socialista en el Congreso, Patxi López, fue claro al señalar: “Hace ya mucho tiempo que me da pena que Felipe González haya dejado de ser una referencia para el PSOE y lo sea para la derecha”. La frase refleja el distanciamiento entre generaciones y estrategias dentro del socialismo español. El expresidente que encarnó la hegemonía del PSOE en los ochenta y noventa se ha convertido ahora en su crítico más severo, dejando abierta una fractura simbólica que, lejos de cerrarse, parece agrandarse con cada intervención pública.