No se ha callado: Orestes Barbero, leyenda de ‘Pasapalabra’, muy crítico tras la controvertida victoria de Rosa

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Un concurso que marca épocas.

Pasapalabra es uno de esos formatos que forman parte del paisaje televisivo diario y que han conseguido instalarse en la rutina de millones de espectadores. Su mecánica, aparentemente sencilla, se apoya en el dominio del lenguaje y en la rapidez mental. Cada tarde, los concursantes se enfrentan a pruebas que ponen a prueba su memoria, su capacidad de asociación y su temple ante la presión. Esa combinación ha convertido al programa en un referente del entretenimiento cultural en España.

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El espacio se articula en varias rondas que sirven para acumular segundos de cara a la prueba final. A lo largo del programa, los participantes avanzan entre definiciones, letras y conceptos de muy distinto origen. No se trata solo de saber, sino de saber gestionar el tiempo y los nervios. Por eso, la constancia suele ser tan importante como el conocimiento puro.

El momento más esperado llega siempre con El rosco, una prueba que resume el espíritu del concurso. Allí, cada concursante debe completar 25 definiciones siguiendo el orden del abecedario. Un fallo puede cambiarlo todo y una racha acertada puede acercar al ansiado bote. Esa tensión final explica buena parte del éxito del formato.

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La dinámica que atrapa al espectador.

Más allá de las reglas, Pasapalabra ha sabido construir una narrativa propia alrededor de sus participantes. El público acompaña a los concursantes durante semanas o incluso meses, viendo su evolución y sus estrategias. Esa continuidad genera vínculos y hace que cada desenlace se viva casi como una historia personal. Ganar o perder no es solo un resultado, sino el cierre de una etapa.

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En ese contexto, la trayectoria de Orestes Barbero es una de las más recordadas por la audiencia. Su paso prolongado por el programa y su manera de afrontar las pruebas dejaron huella. Tras la reciente victoria de Rosa Rodríguez, se ha vuelto a hablar de un patrón repetido en los últimos grandes premios. El propio Barbero ha reflexionado sobre ello desde su experiencia directa.

El burgalés ha sido claro al señalar ciertos desequilibrios en la dinámica del concurso. «Tendrían que tener más cuidado con el primer concursante, el que hace crecer el bote, ya que acaba más cansado y nervioso cuando llega el segundo. El segundo siempre llega más fresco. Eso es lo que pasó con Rafa y conmigo. Yo llevaba 137 programas y estaba que me subía por las paredes, cuando, de repente, Rafa llegó mucho más fresco», explicó en una entrevista reciente. Sus palabras han reabierto un debate que muchos seguidores ya comentaban en voz baja.

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Debate abierto tras la última victoria.

Barbero también ha puesto el foco en el tipo de preguntas que aparecen en la prueba final. Desde su punto de vista, no todas permiten mostrar realmente el nivel de los concursantes. «Una cosa es que te pregunten por un arquitecto importante, por un lago de Sudamérica o por un filósofo de Japón, que son cosas que puedes llegar a saber con mucho estudio; pero es muy distinto que te pregunten por el apellido del pintor de la verja amarilla que está en una ciudad perdida de Estados Unidos… Es que eso es como preguntar por la nada. Eso da un poco de pena porque no te permite enseñar lo que sabes», afirmó, dejando claro su malestar.

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El aspecto económico también ha estado presente en su análisis del programa. Aunque reconoce que su paso por Pasapalabra le permitió llevarse una cantidad importante, considera que el esfuerzo no siempre se ve reflejado de forma proporcional. «Para estar un año y medio allí, y en comparación con el dinero que aportan otros formatos, tampoco fue tanto», aseguró, defendiendo que «es hora de que suban los premios». Incluso llegó a recordar que «Llevan con el mismo premio desde el año 2.000 y el IPC ha subido casi el doble. Es que tendrían que duplicar los premios prácticamente».

Todas estas reflexiones han tenido un amplio eco en internet tras la victoria de Rosa Rodríguez. Las redes sociales se han llenado de mensajes analizando las palabras de Orestes y relacionándolas con el recurrente debate sobre el supuesto «tongo». Entre apoyos, críticas y teorías, el nombre del exconcursante vuelve a estar en el centro de la conversación. Una muestra más de que Pasapalabra no termina cuando se apagan las cámaras.

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