Los vecinos se cansan de los turistas por Google Maps tras lo que pasa día tras día en este pueblo

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“Google Maps se equivoca”: la advertencia que recibe a los conductores antes de entrar en Santa Pau

“Atención. Google Maps se equivoca. Camino exclusivo de vecinos”. El mensaje no deja demasiado espacio para las dudas y llama especialmente la atención porque está diseñado con unos colores corporativos que recuerdan a los de la propia multinacional tecnológica. El cartel se encuentra en uno de los accesos a Santa Pau, una localidad de la provincia de Girona de alrededor de 1.500 habitantes que lleva tiempo intentando evitar que los conductores sigan determinadas rutas marcadas por Google Maps. El problema puede parecer anecdótico cuando se observa desde fuera, pero para los vecinos se ha convertido en una situación recurrente que ha obligado incluso a intervenir para ayudar a vehículos que se quedan atrapados en calles donde prácticamente no existe espacio para maniobrar.

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La escena se repite con una lógica aparentemente difícil de entender. Un conductor introduce Santa Pau como destino, activa el navegador y se limita a seguir las instrucciones que aparecen en la pantalla. Poco a poco, la vía por la que circula comienza a estrecharse. Al principio todavía parece posible continuar, pero llega un momento en el que las dudas aparecen demasiado tarde. El vehículo ya está prácticamente encajonado y dar la vuelta puede convertirse en una tarea imposible. En algunos casos, el problema es tan extremo que el conductor apenas dispone de espacio para maniobrar y puede encontrarse con dificultades incluso para abrir la puerta del coche.

“Los conductores se tirarían a un pozo si se lo dice Google Maps”

La alcaldesa de Santa Pau, Cris Capó, conoce perfectamente las consecuencias que tienen estas indicaciones. La responsable municipal ha explicado que los vecinos han tenido que ayudar en numerosas ocasiones a conductores que terminaban encallados en estas calles, incluidos vehículos de grandes dimensiones. “Los conductores se tirarían a un pozo si se lo dice Google Maps”, se lamenta Cris Capó, alcaldesa de esta localidad de 1.500 habitantes. “Hemos tenido que ayudar a muchos coches y camiones que se quedaban encallados, y que acababan saliendo marcha atrás con el vehículo rallado”, comenta.

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El problema adquiere una dimensión todavía mayor cuando quienes siguen las indicaciones del navegador no conducen un turismo pequeño, sino un camión o un vehículo de grandes dimensiones. En esas circunstancias, una ruta que puede resultar simplemente incómoda para un coche puede terminar convirtiéndose en un auténtico bloqueo para el tráfico. Los vecinos no solo tienen que convivir con los vehículos que llegan por estas calles, sino también con las maniobras necesarias para sacarlos cuando el conductor descubre que ya no puede continuar.

Santa Pau no es, además, una excepción. La expansión de los navegadores y la confianza que los conductores depositan en ellos han provocado situaciones similares en otros municipios pequeños, especialmente en localidades con calles estrechas, caminos rurales o carreteras secundarias que no están diseñadas para soportar determinados volúmenes de tráfico. Cuando Google Maps considera que una determinada vía es la opción más rápida, puede dirigir por ella a conductores que desconocen completamente las características del lugar. El resultado puede ser un vehículo atrapado, un atasco inesperado o una sucesión de problemas que los vecinos terminan padeciendo directamente.

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En Navarra, los camiones también terminan atrapados

Una situación parecida se vive en Etulain, una pequeña localidad de Navarra que cuenta con apenas unas 40 personas. Allí, los vecinos han tenido que acostumbrarse a encontrarse con camiones encallados en la vía de acceso al pueblo. El origen vuelve a estar en las indicaciones de un navegador, que desvía a determinados conductores desde la carretera Pamplona-Irún hacia una ruta que termina conduciéndolos por una vía que no está preparada para ese tipo de vehículos. Lo que para el GPS puede parecer un desvío razonable sobre el mapa puede convertirse en un problema considerable cuando el vehículo que lo sigue mide varios metros y pesa varias toneladas.

Miguel Ángel Larrayoz, alcalde de Anué, municipio al que pertenece Etulain, explica que la situación se ha reducido respecto a años anteriores, pero continúa produciéndose. “Antes sucedía muy a menudo, ahora un par de veces al mes”, relata el alcalde. La frecuencia puede haber disminuido, pero para un pueblo tan pequeño encontrarse periódicamente con un camión bloqueando una de sus vías sigue siendo un inconveniente importante.

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Según explica el alcalde, parte del problema se produce cuando los camioneros intentan llegar a una gasolinera situada en la localidad vecina de Burutain. El navegador les ofrece una ruta que les lleva hasta Etulain y les indica que deben realizar allí el cambio de sentido. El inconveniente es que la infraestructura de la localidad no está diseñada para que grandes camiones puedan realizar determinadas maniobras. Lo que debería ser una simple vuelta termina así en una situación mucho más complicada.

Un camión quedó atrapado durante 24 horas

Uno de los episodios más llamativos ocurrió en 2022, cuando un camionero procedente de Granada que transportaba frutas terminó encallado en la localidad. El vehículo tuvo que ser retirado con ayuda de una grúa de grandes dimensiones y la calle permaneció cortada durante nada menos que 24 horas. Un incidente de estas características puede alterar por completo la movilidad de una población pequeña y obliga a movilizar recursos que no siempre están disponibles de manera inmediata.

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La experiencia llevó al municipio a intentar poner remedio al problema mediante señalización física. Actualmente existe una señal que prohíbe el paso de camiones y advierte de que la carretera termina en el pueblo. Sin embargo, incluso conseguir algo tan aparentemente sencillo como colocar una señal de tráfico requirió tiempo y gestiones. “Hemos luchado mucho para que nos colocaran las señales, pedir permisos y autorizaciones en las carreteras no es nada sencillo”, comenta Larrayoz.

Google Maps permite modificar las rutas, pero no resulta sencillo para todos

El problema tiene una particularidad importante: las rutas de Google Maps sí pueden modificarse cuando existen razones que justifican un cambio. La propia compañía dispone de un programa gratuito denominado Maps Content Partners, al que pueden incorporarse ayuntamientos, instituciones y particulares para aportar información y actualizar determinados datos relacionados con las vías. Sobre el papel, esto ofrece una vía para que las administraciones locales puedan corregir recorridos que generan problemas.

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La dificultad aparece cuando se analiza quién tiene capacidad real para utilizar ese sistema. Los municipios pequeños no suelen disponer de grandes equipos técnicos ni de especialistas dedicados exclusivamente a la cartografía digital. Para un ayuntamiento con pocos habitantes y recursos limitados, enfrentarse a los procedimientos técnicos necesarios para modificar una ruta puede resultar mucho más complicado que colocar una señal física en una carretera.

El caso de Girona demuestra que conseguir estos cambios es posible cuando existe un equipo municipal con los conocimientos necesarios. El Ayuntamiento de la capital gerundense consiguió que Google Maps dejara de utilizar determinadas calles del centro histórico como ruta habitual para los vehículos que atravesaban la ciudad. El problema afectaba especialmente a turistas que seguían las indicaciones del navegador y terminaban entrando en las estrechas calles del Barri Vell, una zona restringida a los vecinos y con una elevada presencia de peatones.

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Girona descubrió cómo hablar directamente con Google Maps

Jordi Xirgu, jefe de la Unidad Municipal de Análisis Territorial del Ayuntamiento de Girona, explica que durante años realizaron peticiones sin conseguir encontrar una solución clara. La dificultad principal no era únicamente técnica, sino también encontrar el canal adecuado para comunicarse con la compañía y conseguir que la información municipal fuera tenida en cuenta. Finalmente, Xirgu y su equipo descubrieron que podían convertirse en partners de Google Maps, es decir, en una entidad validada con capacidad para introducir determinados cambios.

El procedimiento, sin embargo, exige conocimientos específicos. “Tenemos que enviar ficheros con datos con criterios topográficos, con parámetros cartográficos, pliegos técnicos que no son complicados para un profesional, pero sí para un neófito”, señala Xirgu. La diferencia entre un municipio con personal especializado y otro que carece de técnicos capaces de manejar esta información puede resultar determinante a la hora de solucionar un problema de navegación.

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La experiencia de Girona ha servido también para otros ayuntamientos. Xirgu explica que varios consistorios catalanes se han puesto en contacto con ellos para conocer cómo consiguieron modificar las rutas y que incluso ha impartido alguna charla con el objetivo de ayudar a municipios más pequeños a seguir un procedimiento similar. De esta manera, una solución que inicialmente parecía reservada a administraciones con recursos técnicos puede empezar a extenderse a localidades que también sufren los efectos de las indicaciones erróneas.

El Servicio Catalán de Tráfico también puede intervenir

Existe, además, una nueva vía para los municipios catalanes que no cuentan con los medios necesarios para gestionar directamente estos cambios. La Generalitat se ha convertido recientemente en partner de Google Maps a través del Servicio Catalán de Tráfico. El acuerdo permite al organismo corregir determinados datos relacionados con las vías y actuar ante problemas de circulación que puedan derivarse de las rutas ofrecidas por el navegador.

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Guillermo Villuendas, subdirector general de Gestión del Tráfico en el SCT, explica que el origen de este acuerdo estuvo precisamente en los problemas generados por determinados reenrutamientos. La cuestión no se limita a que un conductor termine en una calle incómoda: en determinadas circunstancias, las rutas alternativas pueden generar problemas de seguridad vial y trasladar una cantidad inesperada de tráfico a zonas que no están preparadas para soportarlo.

“Los ayuntamientos se nos quejaban de que el navegador les enviaba los coches por travesías en medio de municipios o carreteras nacionales con rotondas y semáforos, lo que generaba problemas de seguridad viaria”, explica Villuendas. El organismo puede actuar ahora cuando un ayuntamiento alerta de uno de estos reenrutamientos problemáticos y tratar de corregir la información utilizada por el sistema.

Santa Pau intentó contactar con Google sin éxito

Mientras se abren estas nuevas posibilidades, Santa Pau continúa siendo uno de los ejemplos más visibles de esta problemática. Según explica Cris Capó, el origen del conflicto se encuentra en la decisión de impedir el acceso en coche al núcleo histórico del municipio, una zona por la que únicamente pueden circular los vecinos autorizados. Una medida destinada a proteger el centro histórico terminó teniendo una consecuencia inesperada: Google Maps comenzó a buscar alternativas para llevar a los conductores hasta el destino.

Una de esas alternativas es la calle Cases Noves, una vía secundaria que asciende junto al cementerio y que se va estrechando hasta llegar a un punto especialmente complicado antes de la Plaça de Baix. Para un navegador que trabaja fundamentalmente con información cartográfica y criterios de circulación, la ruta puede parecer válida. Para quien conoce físicamente la calle, en cambio, las características del recorrido resultan evidentes. El problema aparece cuando el conductor descubre esas características demasiado tarde, después de haber seguido durante varios minutos las instrucciones de la aplicación.

A lo largo de 2026, el Ayuntamiento de Santa Pau intentó ponerse en contacto con Google para explicar la situación y buscar una solución. También recurrió a los Mossos d’Esquadra, aunque desde el cuerpo policial poco pudieron hacer para resolver el problema de las rutas. La alcaldesa insiste en la dificultad que supone para una administración de dimensiones reducidas enfrentarse a una compañía tecnológica de alcance mundial. “Somos un ayuntamiento muy pequeño, nos gustaría que la comunicación fuera más fácil y fluida”, reclama Capó.

El cartel acabó haciendo visible el problema

La situación comenzó a adquirir mayor repercusión cuando el Ayuntamiento colocó el llamativo cartel que advierte directamente a los conductores de que Google Maps está ofreciendo una ruta equivocada. La estrategia consiguió llamar la atención y el caso terminó apareciendo en distintos medios de comunicación. Después de hacerse público el problema, Capó explica que Google Maps dejó de enviar los vehículos por la estrecha calle que había provocado buena parte de los incidentes.

Sin embargo, el cambio no llegó acompañado de una explicación oficial al Ayuntamiento. Nadie les comunicó, según relata la alcaldesa, cuál había sido el motivo de la modificación ni qué había ocurrido para que la ruta finalmente dejara de recomendarse. Y, sobre todo, el problema no desapareció completamente. El navegador comenzó a ofrecer otra vía secundaria que tampoco resulta especialmente adecuada para absorber el tráfico de los vehículos que intentan llegar hasta el centro del municipio.

El aparcamiento está a dos minutos de la plaza

La paradoja de toda esta situación es que existe una alternativa sencilla para quienes quieren visitar Santa Pau sin introducir sus vehículos por las estrechas calles del núcleo. El municipio dispone de un aparcamiento principal desde el que se puede llegar a la plaza mayor caminando en aproximadamente dos minutos. Para los responsables municipales, esta debería ser la opción lógica para los visitantes que llegan en coche y quieren conocer el centro histórico sin generar problemas de circulación.

El inconveniente es que muchos conductores confían plenamente en las instrucciones que aparecen en la pantalla de su teléfono. Si el navegador considera que una determinada calle constituye una ruta adecuada, el usuario puede no tener ninguna razón para sospechar que está entrando en una vía restringida, demasiado estrecha o poco apropiada para su vehículo. La tecnología facilita enormemente los desplazamientos, pero cuando la información cartográfica no refleja correctamente la realidad local puede acabar trasladando el problema directamente a las calles de los pueblos.

Santa Pau y Etulain muestran así una cara menos conocida de los sistemas de navegación. Google Maps puede calcular en cuestión de segundos una ruta entre dos puntos situados a cientos de kilómetros, pero la precisión de esa ruta depende de que los datos disponibles representen correctamente las características y restricciones de cada vía. En una gran ciudad, un pequeño error puede significar recorrer unas calles más. En un pueblo con calles estrechas y accesos limitados, una indicación aparentemente inocente puede terminar con un coche atrapado, un camión bloqueando una carretera o un grupo de vecinos obligado a intervenir para solucionar el problema.

El reto para estos municipios pasa ahora por conseguir que la información local llegue a las plataformas que utilizan millones de conductores cada día. La existencia de programas como Maps Content Partners y el nuevo papel del Servicio Catalán de Tráfico en Catalunya ofrecen vías para conseguirlo, aunque la experiencia de Santa Pau demuestra que el proceso todavía puede resultar complicado para los ayuntamientos más pequeños. Mientras tanto, el mensaje colocado a la entrada del pueblo resume el problema de una forma que cualquier conductor puede entender antes de cometer el error de seguir ciegamente las indicaciones de su navegador: “Google Maps se equivoca”.