Fallece Gustavo Oliva a los pocos días de una conmovedora carta de despedida

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Gustavo Oliva en una pista de pádel

Una despedida con un mensaje para todos.

El pádel atraviesa una jornada de despedida tras perder a uno de sus jugadores y entrenadores históricos. Su trayectoria deportiva había quedado en un segundo plano durante las últimas semanas, cuando decidió compartir públicamente cómo estaba viviendo la fase final de una enfermedad. Desde el hospital, quiso que su experiencia tuviera una utilidad para otras personas y puso el foco en la importancia de no aplazar las pruebas de detección del cáncer colorrectal.

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La carta que publicó el pasado 7 de octubre se convirtió en una despedida dirigida a quienes le habían acompañado a lo largo de su vida. En aquel mensaje expresaba gratitud hacia sus seres queridos y hablaba con serenidad de un final que sabía cercano. No pretendía presentar una historia de recuperación, sino dejar constancia de lo vivido y aprovechar sus últimas palabras públicas para trasladar una advertencia nacida de su propia experiencia.

Su situación clínica era muy delicada. El cáncer colorrectal que padecía había desarrollado metástasis en el hígado, el bazo y numerosos ganglios. Durante la última etapa permaneció ingresado en la unidad de cuidados paliativos del hospital Parc Sanitari Pere Virgili, en Barcelona. Allí habló de los tratamientos recibidos, del apoyo de su familia y de las decisiones que, con el paso del tiempo, lamentaba haber pospuesto.

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El avance de la enfermedad.

Gustavo Oliva, jugador y entrenador de pádel

Gustavo Oliva falleció el lunes 19 de octubre a los 58 años. Los médicos le habían sedado durante la mañana y su muerte se produjo al mediodía. El histórico jugador y entrenador de pádel había hecho pública su situación apenas doce días antes, con una carta en la que reconocía que el final de su vida estaba próximo y agradecía el acompañamiento recibido durante todos estos años.

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El diagnóstico había llegado tres años atrás. Según explicó en su última entrevista, los tratamientos fueron perdiendo eficacia conforme avanzaba la enfermedad. Al principio, la quimioterapia permitió reducir el tamaño y la agresividad de los tumores, pero aquella respuesta inicial no se mantuvo. Su estado empeoró de forma progresiva y, en marzo de este año, asumió que el tiempo que le quedaba se contaba en meses.

En medio de ese proceso, su familia ocupó un lugar central. Residía en Terrassa, su ciudad de origen, junto a su mujer, Imma. El matrimonio tenía dos hijas, de 33 y 30 años, y él explicaba que verlas felices le ayudaba a afrontar lo que estaba ocurriendo. Entre las cosas que más le entristecían al pensar en el futuro figuraba la certeza de que no llegaría a conocer a sus nietos.

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Una carta para concienciar.

Gustavo Oliva, jugador y entrenador de pádel

La carta de despedida surgió desde el propio hospital. Más tarde contó que la había escrito en apenas diez minutos y que no buscaba conseguir repercusión en las redes sociales. Su propósito era que quienes leyeran sus palabras reflexionaran sobre las pruebas de detección del cáncer de colon. Quería transformar una experiencia personal dolorosa en un mensaje que pudiera resultar útil a quienes todavía tenían la oportunidad de hacerse una revisión.

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Oliva explicó que había recibido la prueba de cribado que se ofrece a partir de los 50 años, pero decidió dejarla para más adelante. Cuando finalmente acudió al médico, dos años después, los tumores estaban ya muy avanzados. Al recordar aquella decisión, asumió personalmente la responsabilidad de haberla aplazado. Ese relato fue el punto de partida de su insistencia en que otras personas no demoraran las pruebas que les correspondieran.

En sus últimas declaraciones resumió con claridad el objetivo de hacer pública su historia: «Si mi mensaje sirve para salvar una sola vida, ya me doy por satisfecho». La frase condensaba la intención con la que había escrito su despedida. Su testimonio se centraba en lo que él había vivido y en el deseo de que su experiencia ayudara a otras personas a prestar atención a la detección precoz de la enfermedad.

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El apoyo familiar y la despedida.

Gustavo Oliva, jugador y entrenador de pádel

También reservó palabras de agradecimiento para los profesionales sanitarios que le habían atendido y para quienes le habían acompañado durante el proceso. Al hablar de sus hijas, explicó que su felicidad le proporcionaba tranquilidad en aquellos momentos. La familia, el balance de lo vivido y la posibilidad de ayudar a alguien mediante su relato marcaron esa última conversación pública desde la unidad de cuidados paliativos en la que estaba ingresado.

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La despedida tendrá lugar en Terrassa. El velatorio está previsto para este martes 20 de octubre, a partir de las 12:00 horas, en la Funeraria de Terrassa. La ceremonia se celebrará el miércoles 21 de octubre, a las 11:00 horas, en la Catedral del Sant Esperit de la localidad. Familiares y allegados podrán despedir así al deportista tras los últimos días en los que decidió compartir su historia y su agradecimiento.

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