Estaban… Los vecinos relatan la sorprendente actitud de los asesinos de Javier y Esther el día después del cirmen

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La actitud de los imputados tras el doble crimen de Tauste

La actitud que mantuvieron en las horas posteriores al asesinato de Javier Sánchez y Esther Latorre, ocurrido en su vivienda de Tauste, ha quedado también bajo la lupa de la investigación. El exsecretario general de UAGA y su mujer, una conocida sindicalista agraria, fueron víctimas de un doble homicidio en el que ambos fueron acuchillados en el interior de su domicilio. En ese contexto, el comportamiento posterior de las personas que ahora están imputadas por estos hechos ha adquirido relevancia dentro de las pesquisas, especialmente por la aparente normalidad con la que transcurrieron algunas de sus horas posteriores al crimen.

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El pasado domingo, apenas un día después de que se produjera el doble asesinato, Carlota, de 40 años e hija de los fallecidos, y su novio, Luis Carlos Rivera, de 30, fueron vistos en Zaragoza, en el barrio de La Almozara, donde residían. Lejos de mostrar una conducta que llamara especialmente la atención, ambos pasaron parte de la mañana juntos, dando un paseo y permaneciendo sentados en un banco. La escena fue observada por vecinos del mismo edificio en el que vivían, que no apreciaron en ellos un comportamiento especialmente extraño en aquellas horas posteriores al crimen.

“Se les veía tranquilos, no noté nada raro en ellos”, afirmaba este viernes una de las residentes del inmueble. Su testimonio refleja la impresión que ambos dejaron entre algunas de las personas que los vieron aquel domingo. La aparente serenidad contrastaba con la gravedad de los hechos que acababan de producirse y con el vínculo familiar de Carlota con las víctimas. Sin embargo, por sí sola, esta actitud no permite establecer una conclusión sobre lo ocurrido ni determinar qué conocimiento podían tener entonces los investigados acerca del crimen.

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Una mañana aparentemente normal en La Almozara

La escena descrita por los vecinos se desarrolló en un entorno completamente cotidiano. Carlota y Luis Carlos salieron a pasear y posteriormente permanecieron sentados en un banco, una actividad que, contemplada de manera aislada, podía parecer propia de cualquier domingo. No hubo, según el relato de la residente, gestos o comportamientos que hicieran saltar las alarmas entre quienes coincidieron con ellos. Precisamente esa normalidad es la que ha quedado en el recuerdo de algunos vecinos después de que la investigación situara el foco sobre la pareja.

El hecho de que fueran vistos juntos en el barrio zaragozano al día siguiente del crimen constituye uno de los elementos que han trascendido sobre sus primeras horas posteriores al homicidio. La investigación trata de reconstruir qué hicieron los distintos implicados antes y después de la muerte del matrimonio y qué circunstancias rodearon los hechos. En ese proceso, los testimonios de personas del entorno pueden contribuir a establecer una cronología de movimientos y comportamientos, aunque deben ser valorados conjuntamente con el resto de las evidencias obtenidas por los investigadores.

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El caso ha generado especial atención por la condición de las víctimas y por las circunstancias en las que fueron encontradas. Javier Sánchez había ocupado el cargo de secretario general de UAGA, mientras que Esther Latorre también había desarrollado una destacada actividad dentro del ámbito sindical agrario. Su muerte violenta en Tauste dio lugar a una investigación en la que la Guardia Civil centró desde el principio sus pesquisas en varias personas, entre ellas quienes posteriormente fueron imputados por los hechos.

El comportamiento posterior, bajo la lupa de los investigadores

En una investigación criminal, las horas posteriores a un homicidio pueden resultar especialmente importantes para reconstruir lo sucedido. Los movimientos de las personas relacionadas con las víctimas, sus comunicaciones, sus desplazamientos y los testimonios de quienes estuvieron con ellas forman parte del conjunto de elementos que pueden ser analizados para establecer una secuencia temporal. La conducta observada por los vecinos de La Almozara constituye, en este caso, una pieza más dentro de esa reconstrucción, pero no una prueba aislada que permita determinar responsabilidades.

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La tranquilidad que describió la vecina no implica necesariamente que los investigados fueran ajenos a la gravedad de lo sucedido ni, en sentido contrario, que su comportamiento demuestre una relación con el crimen. La interpretación de ese tipo de actitudes corresponde a la investigación judicial, que debe contrastarlas con indicios objetivos y con las demás diligencias practicadas. El testimonio aporta, por tanto, una descripción de cómo fueron percibidos ambos en un momento concreto: la mañana del domingo posterior al doble homicidio.

Mientras tanto, la investigación continúa tratando de esclarecer todos los detalles relacionados con la muerte de Javier Sánchez y Esther Latorre. El objetivo es determinar qué ocurrió en la vivienda de Tauste, cómo se produjeron las agresiones y cuál fue la participación concreta que pudo tener cada una de las personas investigadas. Las circunstancias posteriores al crimen, incluidos los movimientos de los imputados durante las horas siguientes, forman parte de la reconstrucción de los hechos que deben realizar los investigadores.

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Vecinos que no percibieron nada extraño

El testimonio recogido en el edificio de La Almozara adquiere interés precisamente por la ausencia de señales que llamaran la atención. Según la residente consultada, Carlota y Luis Carlos no mostraron una conducta que hiciera pensar a quienes los observaban que acababan de vivir o conocer una situación extraordinaria. El paseo y el tiempo que permanecieron sentados en un banco transcurrieron, aparentemente, con normalidad. “Se les veía tranquilos, no noté nada raro en ellos”, resumía la vecina.

Ese relato permite aproximarse a un momento concreto de la investigación desde la perspectiva de quienes compartían entorno con los imputados. Los vecinos no estaban, obviamente, en disposición de conocer qué había sucedido en Tauste ni qué información podían manejar Carlota y su pareja en ese instante. Su percepción se limita a la conducta externa que observaron durante aquella mañana. Por ello, el valor de este tipo de testimonios está principalmente en ayudar a reconstruir el contexto y la cronología de las horas posteriores al crimen.

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La investigación deberá determinar ahora cómo encaja ese comportamiento con el resto de los indicios recabados en el caso. La actitud aparentemente distante o tranquila de una persona después de un hecho violento puede despertar preguntas, pero no permite por sí misma establecer una explicación sobre lo sucedido. Serán las pruebas, los testimonios y las diligencias practicadas las que deberán determinar qué ocurrió realmente en torno a la muerte del matrimonio de Tauste y cuál fue el papel de los ahora imputados.

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