España de luto: Fallece trágicamente Marc Boada

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Trágico suceso.

Las tragedias, con su implacable poder, tienen la capacidad de marcar a una sociedad de manera profunda, dejando huellas que pueden ser tanto físicas como emocionales. La pérdida de personas queridas y respetadas se convierte en un evento que no solo afecta a los familiares y amigos cercanos, sino que también resuena en la comunidad en general. La aceptación de la muerte como un aspecto inevitable del ciclo de la vida puede brindar una ligera sensación de consuelo, así como una resignación que ayuda a enfrentar el dolor.

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No obstante, el sufrimiento se vuelve mucho más agudo cuando la pérdida es repentina y afecta a una figura pública que ha ganado el cariño y el respeto de muchos. Este es el doloroso caso de Marc Boada, un nombre que ha dejado una marca indeleble en el ámbito de la divulgación científica y cultural.

En la jornada de ayer, martes, el mundo de la ciencia y la cultura se vio sacudido por la noticia del fallecimiento de Marc Boada, un destacado divulgador científico conocido por su labor en TV3. A los 60 años de edad, Boada dejó este mundo, dejando tras de sí un legado que será recordado por generaciones. Su papel como presentador del programa ‘Quèquicom’ durante varios años hizo que se convirtiera en una figura muy querida en Cataluña. Su trabajo no solo mostró su pasión por la ciencia, sino que también logró acercar el conocimiento científico a un amplio público, consolidando su lugar en la memoria colectiva de la audiencia.

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Un viaje de aprendizaje y creación.

Marc Boada nació en la ciudad de Terrassa, en Barcelona, en noviembre de 1963, y desde sus primeros años mostró un profundo interés por la ciencia y el arte. Comenzó su formación en delineación industrial y escultura en la Escuela de Artes Aplicadas de Terrassa, pero su verdadera pasión se encontraba en el campo de la experimentación científica. A lo largo de su vida, Boada se dedicó a la creación de telescopios y artefactos interactivos que fueron exhibidos en diversos museos científicos, reflejando su afán por fusionar la ciencia con el arte.

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Entre los años 2008 y 2011, Boada se convirtió en una cara familiar para muchos catalanes como colaborador y presentador del programa ‘Quèquicom’ de TV3, un espacio dedicado a la divulgación científica. Durante este período, su carisma y su habilidad para comunicar conceptos complejos de manera accesible hicieron que ganara una gran popularidad. Su presencia en el programa no solo educó a su audiencia sobre temas científicos, sino que también inspiró a muchos a explorar el mundo de la ciencia con curiosidad y entusiasmo.

En su página de Facebook, Marc Boada se definía como “divulgador científico, conferenciante, escritor, escultor y experto en ciencia experimental”, una descripción que abarca la diversidad de sus intereses y logros. Su obra escultórica más destacada incluye el conjunto de esculturas del Jardín de las Percepciones en el Parque de Vallparadís, en Terrassa, un proyecto que en 2009 le valió el premio Entorno Natural Joan Martí. Este reconocimiento subraya el impacto de su trabajo en la integración de la ciencia y el arte en espacios públicos.

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Una vida dedicada a la ciencia y la educación.

Boada también dejó su huella en el mundo de la educación y la investigación. Además de su labor como divulgador, escribió varios libros, entre ellos “Max Picard y el maldito péndulo de Foucault”, “Max Picard y el enigma de los dinosaurios” y “Els 3 infinits. Un llibre de ciències per gent de lletres”, y participó en numerosas exposiciones. Su trabajo como maestro en la Escuela Massana de Barcelona y su contribución a la investigación en geología, arqueología y paleontología reflejan un compromiso integral con el conocimiento. Entre sus logros en estos campos, destaca la descripción de una nueva especie de dinosaurio, el Koutalizaurus Kohlerorum, descubierta en los Pirineos de Lleida.

El legado de Marc Boada es recordado no solo por sus contribuciones académicas y científicas, sino también por su habilidad para hacer la ciencia accesible y atractiva para el público. Como destacaba la conductora del programa ‘La tarda’ de Catalunya Ràdio en Twitter hace un par de años, Boada tenía una habilidad especial para “acercar la ciencia a todos los públicos”, un talento que convirtió en una pasión y en una vocación a lo largo de su vida. Su partida deja un vacío en el mundo de la divulgación científica, pero su impacto perdurará en la memoria de quienes tuvieron el privilegio de conocerlo y aprender de su trabajo.

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