Trágico suceso.
Las tragedias, por su propia naturaleza, tienen la capacidad de dejar una huella imborrable en la conciencia colectiva, especialmente cuando estas tragedias conllevan la pérdida de seres queridos. Estas situaciones, que inevitablemente nos enfrentan con la fragilidad de la vida, nos obligan a confrontar el dolor de maneras que a menudo son insoportables. Si bien es cierto que la muerte es un aspecto inevitable del ciclo de la existencia humana, encontrar consuelo en esta realidad no siempre es fácil, especialmente cuando la pérdida es súbita y arrebata de nuestras vidas a figuras amadas y respetadas. Este doloroso sentimiento es el que ha inundado a la comunidad tras la partida de Carmen Carbajo.

El grupo folklórico Coros y Danzas Extremadura de Badajoz, una agrupación que ha mantenido viva la tradición y la cultura durante décadas, se encuentra en estos momentos sumido en la tristeza. Hoy, con el fallecimiento de una de sus miembros más emblemáticas, el grupo despide a quien fuera un pilar fundamental desde hace muchos años. Carmen Carbajo, conocida y querida por todos los que la rodeaban, ha perdido su batalla contra una larga enfermedad, dejando un vacío que será difícil de llenar.
Una vida dedicada al folklore y la comunidad.
Carmen Carbajo, cuyo vínculo con Coros y Danzas Extremadura de Badajoz comenzó en 1979, año en el que el grupo se transformó en una asociación independiente, fue más que una simple integrante del coro. Su voz, siempre melodiosa y cálida, rápidamente encontró su lugar en el grupo, donde cantó con pasión y alegría durante muchos años. Para quienes tuvieron la suerte de conocerla, Carmen no era solo una cantante; era una mujer de gran calidez y cercanía, alguien que logró forjar lazos más allá de las fronteras de su ciudad natal.
«Era una mujer entrañable», recuerdan con cariño aquellos que compartieron momentos con ella. Su naturaleza amigable y extrovertida le permitió conectarse con personas de diversas asociaciones folklóricas en todo el mundo. Carmen mantenía lazos de amistad con grupos tan distantes como los de Blanes, Cádiz, Dos Hermanas y hasta Puerto Rico. Estas conexiones no se limitaban a encuentros casuales; eran relaciones profundas, forjadas en festivales como el Festival Folklórico Internacional de Badajoz y otras citas que celebraban la riqueza del folklore en diferentes partes del mundo.
El legado de una vida plena.
El folklorista Joaquín Sancha, con emoción en su voz, recuerda cómo «Lucía muchísimo el traje de extremeña, estaba muy guapa». Estas palabras encapsulan no solo su amor por las tradiciones, sino también la gracia con la que Carmen representaba su cultura. A lo largo de su vida, nunca perdió el vínculo con su pasión por el folklore. Incluso después de retirarse de la actividad diaria del grupo, Carmen continuó siendo una colaboradora activa, siempre dispuesta a ayudar cuando era necesario. Su dedicación fue especialmente evidente en el Festival de Folklore en la Escuela, un evento que disfrutaba enormemente, especialmente por su amor por los niños, a quienes siempre dedicó una atención especial.
Además de su pasión por el folklore, Carmen Carbajo era una figura reconocida en otros ámbitos de la vida cultural de Badajoz. Era una entusiasta del Carnaval de la ciudad y una ferviente seguidora de la Semana Santa. Pero más allá de su involucramiento en estas celebraciones, Carmen era conocida en la ciudad como ‘Carmen, la joyera’. Durante décadas, trabajó en una joyería ubicada en la calle Menacho, lo que la vinculó a los momentos más importantes y felices de la vida de muchos pacenses. Su presencia en la joyería no era solo la de una vendedora, sino la de alguien que compartía la alegría de los clientes en sus ocasiones más especiales.
Hoy, mientras amigos y familiares se reúnen en el tanatorio Puente Real para despedirla, el recuerdo de Carmen Carbajo queda grabado en la memoria de todos los que la conocieron. Su legado, marcado por la música, la cultura y la amistad, perdurará en el tiempo, manteniendo vivo su espíritu en cada rincón de Badajoz.