Consulta a chat GPT cómo eliminar sal de su dieta y acaba en el hospital con una enfermedad del S. XIX

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Una consulta a un chatbot acaba detrás de un extraño caso médico

La inteligencia artificial se ha incorporado rápidamente a la vida cotidiana y cada vez son más las personas que recurren a estas herramientas para resolver dudas de todo tipo. Entre las consultas que pueden plantearse se encuentran también aquellas relacionadas con la alimentación, los síntomas o determinadas cuestiones médicas. Esta facilidad de acceso puede resultar útil para obtener información general, pero también plantea interrogantes cuando las respuestas se convierten en la base de decisiones que afectan directamente a la salud. Un reciente caso clínico ha vuelto a poner el debate sobre esta cuestión en primer plano.

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Los chatbots pueden ofrecer explicaciones sobre sustancias, alimentos y procesos químicos en cuestión de segundos. Sin embargo, una respuesta que resulte adecuada desde un punto de vista teórico puede ser completamente inapropiada cuando se aplica directamente a una persona. Las cantidades, las condiciones médicas y el contexto en el que se utiliza una sustancia pueden modificar por completo sus efectos. Por este motivo, los especialistas insisten en la importancia de interpretar este tipo de información con cautela.

El caso analizado por los médicos resulta especialmente llamativo porque todo comenzó con una decisión aparentemente relacionada con la alimentación. El paciente había leído información sobre los posibles efectos negativos del cloruro de sodio y decidió eliminar la sal común de su dieta. Para encontrar una alternativa recurrió a ChatGPT y terminó utilizando durante aproximadamente tres meses otra sustancia que no estaba destinada a sustituir la sal en la alimentación. Las consecuencias de aquella elección acabarían llevando al hombre al hospital.

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Una sustitución que terminó provocando una intoxicación

Según explicaron posteriormente los médicos, el paciente sustituyó la sal de mesa por bromuro de sodio, un compuesto que puede resultar perjudicial cuando se consume en determinadas cantidades. Los investigadores no pudieron determinar exactamente qué había preguntado el hombre al chatbot ni cuál había sido la respuesta concreta que recibió. No obstante, cuando realizaron posteriormente una consulta similar, comprobaron que el bromuro aparecía entre las posibles alternativas y que no existía una advertencia sanitaria suficientemente clara. El hallazgo llevó a los autores a prestar especial atención a la posible relación entre la consulta y la decisión alimentaria.

La situación se volvió todavía más llamativa cuando el hombre acudió a urgencias convencido de que su vecino podía estar intentando hacerle daño. Durante su estancia en el hospital presentó diferentes alteraciones psiquiátricas y recibió tratamiento por psicosis. Además, aproximadamente un día después de su ingreso intentó abandonar el centro sanitario. Los médicos tuvieron que continuar investigando hasta encontrar una explicación que encajara con el conjunto de síntomas.

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Una vez que pudieron conocer más detalles sobre sus hábitos alimentarios, aparecieron nuevas pistas. El paciente presentaba una sed excesiva, dificultades para dormir y alteraciones cutáneas, además de otros problemas relacionados con el funcionamiento del sistema nervioso. Estos signos llevaron a los especialistas a considerar una posible intoxicación por bromuro. Las pruebas realizadas posteriormente permitieron confirmar sus sospechas.

Una concentración muy por encima de los valores habituales

Los análisis revelaron una concentración de bromuro extraordinariamente elevada en el organismo del paciente. El informe médico recoge un nivel de 1.700 mg/L, frente a un intervalo de referencia situado entre 0,9 y 7,3 mg/L. La diferencia respecto a los valores habituales ayudó a explicar tanto los síntomas físicos como las alteraciones que habían aparecido durante el ingreso. El cuadro correspondía a una afección conocida como bromismo, provocada por una exposición excesiva a bromuro.

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Esta intoxicación puede afectar al sistema nervioso y producir manifestaciones neurológicas y psiquiátricas. Se trata de una afección que fue mucho más frecuente a finales del siglo XIX y que actualmente resulta poco habitual. Precisamente esa rareza puede dificultar que sea identificada rápidamente cuando un paciente llega a un centro médico con síntomas poco específicos. En este caso, la información sobre la alimentación terminó siendo fundamental para orientar las pruebas y alcanzar el diagnóstico.

Los autores del trabajo, pertenecientes a la Universidad de Washington en Seattle, consideran que el episodio muestra uno de los posibles problemas asociados al uso de inteligencia artificial en cuestiones sanitarias. En su análisis señalan que estos sistemas pueden proporcionar información imprecisa o descontextualizada y que los usuarios pueden interpretar determinadas respuestas como si fueran indicaciones médicas. «Las aplicaciones de inteligencia artificial pueden generar imprecisiones científicas, carecer de la capacidad de analizar críticamente los resultados y, en última instancia, alimentar la difusión de desinformación», señalaron los investigadores en el artículo.

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Los especialistas advierten sobre el contexto de las respuestas

Uno de los aspectos que más preocupa a los autores es que una información pueda ser correcta en un determinado contexto y convertirse en una elección peligrosa cuando se traslada directamente a otro escenario. Que una sustancia pueda guardar una relación química con otra no significa que ambas puedan utilizarse de la misma manera en la alimentación. En este caso, la posible equivalencia química entre bromuro y cloruro no implicaba que el primero pudiera emplearse como sustituto de la sal. La diferencia entre ambos conceptos resultó determinante para comprender lo ocurrido.

El informe fue publicado en agosto de 2025 y el episodio analizado se produjo antes del lanzamiento de GPT-5, presentado por OpenAI el 7 de agosto de ese mismo año. La compañía indicó entonces que su nuevo modelo incorporaba mejoras específicas en tareas relacionadas con la salud y una mayor capacidad para detectar posibles problemas antes de responder. OpenAI también señala que ChatGPT no sustituye a los profesionales sanitarios y que la herramienta no está destinada a diagnosticar ni tratar enfermedades. Desde enero de 2026, además, la compañía ha comenzado a desplegar un espacio específico denominado «Salud», orientado a ayudar a los usuarios a informarse y orientarse sobre cuestiones sanitarias sin reemplazar la atención médica profesional.

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El caso ha provocado comentarios y debate en redes sociales por la peculiar cadena de acontecimientos que terminó llevando al paciente al hospital. Muchos usuarios han reflexionado sobre la facilidad con la que una respuesta generada por una herramienta tecnológica puede acabar influyendo en una decisión cotidiana. Otros han centrado la conversación en la necesidad de contrastar cualquier información relacionada con la salud antes de ponerla en práctica. El episodio sirve así para recordar que una respuesta aparentemente razonable puede no tener en cuenta las cantidades, las contraindicaciones o las circunstancias concretas de quien realiza la consulta.

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