Llevas guardando los huevos mal en la nevera toda la vida

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Muchos hogares meten los huevos en el frigorífico nada más llegar de comprar, y además los colocan en el hueco que trae la puerta de la nevera pensando que es el sitio pensado para ellos. Sin embargo, varios estudios de seguridad alimentaria advierten de que ese gesto tan habitual es justo el que más perjudica a este alimento.

La Agencia Francesa de Seguridad Alimentaria, Ambiental y Laboral (ANSES) ha revisado los hábitos más comunes a la hora de conservar huevos frescos y ha identificado dos fallos que se repiten en la mayoría de las cocinas. El primero tiene que ver con la limpieza: lavar la cáscara antes de guardarla, una costumbre extendida en países como Estados Unidos, elimina una fina capa natural que protege al huevo de las bacterias y lo deja mucho más expuesto.

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El segundo error, y el que da título a esta noticia, es guardarlos en la puerta del frigorífico. Aunque casi todas las neveras incorporan un compartimento específico pensado para huevos en esa zona, los expertos insisten en que es el peor lugar posible. La puerta es la parte del electrodoméstico que sufre más vaivenes térmicos, ya que se abre y se cierra constantemente y pierde el frío de golpe cada vez que accedemos a ella.

Ese vaivén de temperaturas no es un detalle menor: el choque térmico repetido debilita la cáscara y favorece que se forme condensación en su superficie, creando las condiciones perfectas para que las bacterias proliferen. Por eso, la recomendación de los especialistas es colocar los huevos en una balda interior, donde la temperatura se mantiene mucho más estable.

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Respecto a si conviene o no meterlos en la nevera, la ANSES aclara que, si no se han lavado, los huevos pueden conservarse a temperatura ambiente siempre que sea un lugar fresco, seco y protegido de la luz solar, y sobre todo que esa temperatura no fluctúe. Eso sí, una vez que un huevo ha estado refrigerado, lo aconsejable es no sacarlo de nuevo del frío y consumirlo pronto si en algún momento se atempera.

En cuanto a la duración, un huevo fresco guardado en el frigorífico a una temperatura constante de entre 1 y 4 grados puede aguantar entre 3 y 5 semanas en buen estado. Fuera de la nevera, ese margen se reduce drásticamente a una o dos semanas, así que la estabilidad térmica vuelve a ser la clave para que este alimento tan básico no se estropee antes de tiempo.

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