La segunda muerte en un Mercadona de Albacete reabre el debate sobre la instalación de desfibriladores

El fallecimiento de un hombre en el interior de un supermercado Mercadona de Albacete ha vuelto a poner sobre la mesa un debate que ya surgió hace apenas unos meses tras un suceso de características muy similares. Se trata del segundo caso registrado en un establecimiento de la cadena en la ciudad en un corto periodo de tiempo, una circunstancia que ha llevado nuevamente a cuestionar si este tipo de grandes superficies deberían contar con desfibriladores externos semiautomáticos (DEA), aunque la legislación actual no lo exija. La cuestión vuelve a generar interés entre expertos y ciudadanos, especialmente por la importancia que tiene la actuación durante los primeros minutos de una parada cardiorrespiratoria.
Mercadona mantiene su postura: «Todo sigue igual»
Tras el último fallecimiento, El Digital de Albacete volvió a consultar a Mercadona sobre la posibilidad de que la compañía hubiera modificado su política respecto a la instalación de desfibriladores en sus supermercados. La respuesta de la empresa fue clara: «Todo sigue igual». Desde la cadena recuerdan que la normativa vigente no obliga a disponer de estos dispositivos en este tipo de establecimientos y, por tanto, no se han producido cambios desde el anterior incidente ocurrido en la ciudad.
Un debate que resurge tras dos casos similares
La muerte de este cliente recuerda a la registrada el pasado mes de marzo en otro supermercado Mercadona de Albacete, cuando otra persona perdió la vida tras sufrir una parada cardiorrespiratoria mientras realizaba sus compras. Aquella situación abrió un intenso debate sobre la conveniencia de instalar desfibriladores en espacios con una elevada afluencia diaria de público, independientemente de que la normativa autonómica no contemple esa obligación. Ahora, tras un segundo episodio similar, la discusión vuelve a cobrar fuerza.
La importancia de actuar durante los primeros minutos
Los especialistas coinciden en que el tiempo es un factor determinante cuando una persona sufre una parada cardiorrespiratoria. La reanimación cardiopulmonar (RCP) iniciada de forma precoz y el uso de un desfibrilador cuando el ritmo cardíaco es desfibrilable pueden aumentar de forma significativa las posibilidades de supervivencia. Diversos estudios señalan que aplicar una descarga durante los tres o cinco primeros minutos tras el colapso mejora notablemente el pronóstico, mientras que cada minuto de retraso reduce las opciones de supervivencia.
Desfibriladores preparados para ser utilizados por personal no sanitario
Los actuales desfibriladores externos semiautomáticos están diseñados para facilitar su utilización incluso por personas sin formación sanitaria específica. Estos dispositivos analizan automáticamente el ritmo cardíaco y solo permiten administrar una descarga cuando resulta necesaria, guiando al usuario mediante instrucciones de voz durante todo el proceso. En muchas comunidades autónomas se exige una formación básica para su manejo, una capacitación que habitualmente imparten las empresas suministradoras en cursos de corta duración.
La legislación no obliga a instalarlos en supermercados
En Castilla-La Mancha, la normativa establece la obligación de disponer de desfibriladores en determinados espacios con unas características concretas, pero los supermercados no figuran entre los establecimientos obligados. Por este motivo, cadenas como Mercadona y otras empresas del sector no tienen que instalar estos equipos por imperativo legal. No obstante, numerosos centros deportivos, aeropuertos, estaciones, hoteles, edificios públicos y algunas grandes superficies comerciales sí han optado por incorporarlos de forma voluntaria como una medida adicional de seguridad para clientes y trabajadores.
Una inversión reducida frente al tamaño de las grandes compañías
El coste de instalar un desfibrilador es relativamente contenido para una empresa de gran tamaño. Dependiendo del modelo y de sus prestaciones, un DEA suele tener un precio de entre 1.000 y 2.000 euros, a lo que hay que sumar el mantenimiento periódico o, en algunos casos, un servicio de renting que puede oscilar entre 60 y 90 euros mensuales por dispositivo. Este importe contrasta con las cifras económicas presentadas por Mercadona, que cerró 2025 con 41.858 millones de euros en ventas y un beneficio neto récord de 1.729 millones de euros. Aun así, la instalación de desfibriladores continúa siendo una decisión voluntaria mientras la legislación no establezca lo contrario.