Fue por… Sonsoles Ónega reconoce que «nunca ha bañado a sus hijos» ni les ha leído un cuento

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Un giro inesperado: Sonsoles Ónega pasa de preguntar a responder

Acostumbrada a dirigir las conversaciones, a analizar la actualidad y a poner contra las cuerdas a sus invitados, Sonsoles Ónega ha vivido uno de los momentos más insólitos de su carrera televisiva: convertirse en protagonista absoluta de su propio programa, ‘Y ahora Sonsoles’. En esta ocasión, los papeles se invirtieron y fueron sus colaboradores quienes tomaron el control para someterla a una batería de preguntas que, lejos de quedarse en la superficie, buscaron explorar su faceta más personal. El resultado fue un ejercicio de honestidad poco habitual en televisión, en el que la periodista dejó a un lado el guion para mostrarse tal y como es, sin filtros ni artificios, generando una conexión directa con la audiencia.

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La decisión que marcó su vida como madre

Uno de los momentos más impactantes de la entrevista llegó cuando se abordó una cuestión clave: si había tomado alguna decisión que condicionara su vida personal y profesional. La respuesta fue inmediata y sin rodeos: “Sí. No renunciar a mi trabajo cuando fui madre”. Una confesión que dejó en silencio el plató y que evidenció el alto precio que ha pagado por su carrera. Sonsoles explicó que, en aquel momento, se encontraba en una etapa crucial como corresponsal parlamentaria en Telecinco, una oportunidad que decidió aprovechar a pesar de las consecuencias personales que conllevaba.

La presentadora profundizó aún más en esa decisión con unas palabras que impactaron profundamente: “Mi hijo tiene ahora 17 años, y no renunciar fue una decisión determinante en mi vida. No renunciar significa que yo no he visto a mis hijos nunca, que no les he hecho el bañito, no he leído con ellos. Me he perdido toda su infancia”. Una reflexión dura y cargada de emoción que pone sobre la mesa la dificultad de conciliar una carrera exigente con la maternidad, una realidad que muchas mujeres siguen enfrentando hoy en día.

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La esperanza de ser entendida en el futuro

A pesar del peso emocional de sus palabras, Sonsoles Ónega no se instala en el arrepentimiento, sino que mira hacia adelante con una mezcla de serenidad y esperanza. Confía en que el tiempo y la madurez permitan a sus hijos comprender su decisión: “Yo pienso que serán mis hijos los que algún día me digan, mamá, te entiendo sin necesidad de tener que perdonarte. Espero que eso sea así”. Una declaración que refleja tanto su fortaleza como su vulnerabilidad, y que resume el delicado equilibrio entre ambición profesional y vida personal.

Lejos de victimizarse, la periodista mostró una actitud firme y consciente, asumiendo las consecuencias de sus elecciones. Este enfoque ha permitido al público descubrir una faceta mucho más humana y compleja de la presentadora, que va más allá de su imagen habitual en pantalla.

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Un emotivo viaje a sus raíces familiares

El programa quiso añadir un componente emocional con una sorpresa muy especial: un vídeo grabado en Mosteiro, el pueblo gallego donde nació y creció su padre, Fernando Ónega, fallecido recientemente. En las imágenes aparecían vecinos y personas cercanas a la familia, lo que provocó que Sonsoles no pudiera contener la emoción y rompiera a llorar en directo. “Habéis elegido muy bien a los protagonistas porque son Maruja, la prima de mi madre, Mari Carmen, la panadera, y Avelino, que es nuestro vecino de enfrente y que cuida la casa de mi abuela. Y son los que quedan, no quedan muchos más. Y te da pena”.

Este momento dio pie a una profunda reflexión sobre el paso del tiempo y la importancia de las raíces: “Porque empiezas como a situarte en la primera línea y no sabes si serás capaz de trasladar a tus hijos ese amor por la tierra, por la raíz, por lo esencial, que al final es lo que importa. Y eso a mí es algo que me preocupa mucho”. Una preocupación que conecta con su propia experiencia vital y con el legado familiar que desea preservar.

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Crecer con un padre periodista, no “famoso”

Al hilo de sus recuerdos familiares, sus compañeros le preguntaron cómo fue crecer con Fernando Ónega como padre. Lejos de alimentar el mito, Sonsoles respondió con naturalidad: “Bueno, en realidad tuve un padre periodista, además no era un padre famoso. Tenía un padre periodista de Mosteiro y eso es lo que fue”. Una afirmación que desmonta la idea de una infancia marcada por el privilegio mediático.

La presentadora quiso profundizar en esa visión, recordando los altibajos profesionales de su padre: “Cuando me preguntan por un padre famoso, digo que no. Fue un padre al que yo he visto más fracasar que otra cosa. Le daban un informativo, se lo quitaban, dirigía la revista Tribuna, dejaba de dirigirla, dirigía la revista Ya, el periódico Ya, dejaba de dirigirlo, los servicios informativos de la COPE, de Onda Cero, que es donde probablemente fue más feliz y era eso. Nada más. Y nada menos, por supuesto”. Un retrato honesto que pone en valor el esfuerzo y la resiliencia por encima de la fama.

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Orgullo por unos orígenes humildes

Para cerrar, Sonsoles Ónega reivindicó con orgullo la historia de su familia, poniendo el foco en sus raíces humildes: “No dejó de ser nunca el hijo de Angelita y José Ramón, un labrador y una señora de ojos azules preciosos que dieron una educación a sus hijos viviendo de unos orígenes humildísimos. Y de los que estoy muy orgullosa, por cierto”. Un mensaje que refuerza la importancia de la identidad y los valores heredados, y que aporta una dimensión más profunda a la figura pública de la periodista.

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