Expertos desvelan el síntoma que permite predecir un derrame cerebral 90 días antes de que se produzca

Anuncios

El “miniictus”: el aviso silencioso que no deberías ignorar

Un episodio breve, repentino y aparentemente pasajero puede esconder un riesgo mucho mayor de lo que parece. Hablamos de síntomas neurológicos que surgen sin previo aviso, duran apenas unos minutos —a veces algunas horas— y desaparecen por completo. Muchas personas lo atribuyen a un simple mareo, al cansancio o a una bajada de tensión. Sin embargo, para los neurólogos, puede tratarse de un ataque isquémico transitorio (AIT), también conocido como ‘miniictus’ o ‘ictus de aviso’. Y lejos de ser un incidente menor, constituye una señal de alarma muy clara: el cerebro ha sufrido una interrupción temporal del riego sanguíneo y eso puede ser el preludio de algo mucho más grave.

Anuncios

El AIT se produce cuando disminuye de manera transitoria el flujo de sangre hacia una zona del cerebro. A diferencia de un ictus establecido, los síntomas remiten y no dejan secuelas evidentes en ese momento. Pero esa aparente normalidad posterior es, precisamente, lo que lo convierte en un enemigo silencioso. Al desaparecer los síntomas, muchas personas no buscan atención médica inmediata o la retrasan, perdiendo una oportunidad crucial para evaluar el riesgo y aplicar medidas preventivas que pueden marcar la diferencia.

El dato que explica la urgencia: hasta un 18% de riesgo en 90 días

Las cifras son contundentes y explican por qué los profesionales sanitarios insisten en no restar importancia a estos episodios. Las guías clínicas y revisiones médicas sitúan el riesgo de sufrir un ictus tras un AIT entre un 10% y un 18% en los 90 días posteriores al episodio. No se trata de una posibilidad remota, sino de una probabilidad significativa que obliga a actuar con rapidez. Además, existe un matiz aún más inquietante: una parte importante de esos ictus ocurre en las primeras 48 horas, cuando el margen de reacción es mínimo si no se ha consultado a tiempo.

Anuncios

Por eso, los servicios de salud lo describen como un auténtico aviso biológico. El mensaje es claro: el cerebro ha lanzado una señal de alerta y es imprescindible investigarla cuanto antes. Detectar la causa —ya sea una arritmia como la fibrilación auricular, una placa de ateroma en las carótidas u otro problema vascular— permite iniciar tratamientos que reducen de forma drástica la probabilidad de un ictus completo.

Cómo reconocerlo: las señales que no deben pasarse por alto

En la práctica clínica, un AIT puede manifestarse exactamente igual que un ictus. La diferencia no está en cómo se siente, sino en que los síntomas desaparecen. Por ello, la recomendación médica es tajante: ante cualquier sospecha, actuar como si se tratara de un ictus hasta que un profesional lo descarte. Para facilitar su identificación, se utiliza el acrónimo FAST, sencillo y fácil de recordar también en España:

Anuncios

Cara: caída de un lado de la cara o sonrisa asimétrica.
Brazo: debilidad, dificultad para elevar un brazo o pérdida de fuerza en un lado del cuerpo.
Habla: dificultad para hablar, lenguaje arrastrado o incoherente.
Tiempo: llamar a emergencias de inmediato.

Además de estos signos clásicos, un AIT puede incluir pérdida súbita de visión —total o parcial—, visión doble, vértigo intenso, inestabilidad al caminar, dificultad para tragar, confusión repentina o entumecimiento de un lado del cuerpo. Aunque los síntomas se desvanezcan, el riesgo permanece. Y en estos casos, cada minuto cuenta. Reconocer el aviso y acudir rápidamente a un servicio médico puede ser la diferencia entre un susto pasajero y un ictus con consecuencias irreversibles.

Anuncios