Una profesora conmociona a todos al contar qué ocurrió cuando llamó la atención a un alumno

Por estar grabando con el móvil.

Una usuaria de Twitter, @CienciaconArte, ha removido conciencias com un hilo que se ha convertido en un fenómeno viral. La tuitera contó lo que pasó cuando llamó la atención a un alumno que se encontraba grabando mientras ella daba clase para mayores de 60 años.

La profesora subrayó que “era un señor ya entrado en años, al que se le presupone cierta madurez». Ella le dijo de forma educada que guardase el teléfono, pero él se negó rotundamente. Posteriormente, hizo como que lo dejaba en la mesa, pero en cuanto pasaron unos segundos lo volvió a coger y volvió a grabar.

“Me vuelvo a acercar a él y le indico que no se puede grabar sin consentimiento y que debe guardarlo”, explicó @CienciaconArte, pero el hombre le replicó que él podía tener el móvil en clase mientras la enfocaba con la cámara.

“Me bloqueo. Jamás me había pasado eso. Y creo que sería impensable en una clase de Grado, al menos, según mi experiencia, donde me suelo encontrar gente muy respetuosa, en general”, contó la tuitera. Ante la situación insistió en que no estaba permitido usar el móvil, pero fue inútil, porque él siguió sin guardarlo.

“Sé que no lo va a hacer. Una mujer más joven, aunque sea una docente intentando hacer su trabajo, no le va a decir lo que tiene que hacer a ÉL”, destacó la profesora, que sin embargo celebró que otras alumnas, mujeres que se sientan siempre en primera fila, salieron en su defensa: “Debes guardar el teléfono porque es una falta de respeto. Punto”, le dijeron al hombre.

@CienciaconArte lamentó que entonces, otro señor al fondo de la clase, “en un alarde de camaradería masculina”, dijo: ”¡Yo también saco el móvil y lo pongo sobre la mesa!”. “Suspiro. Huele a testosterona. Vuelvo a mi mesa”, recordó la profesora, que siguió dando clase “por respeto al resto de estudiantes”.

“El hombre sigue con el teléfono en la mano, ya no sé si grabando o no. Parece que se sentía satisfecho sosteniéndolo en la mano, mientras me miraba fijamente, sabiendo lo que me había incomodado todo aquello”, contó.

Explicó que la clase fue muy complicada, que cometió errores y se confundía al hablar porque se sentía “violentada y molesta”: “Cuando estoy acabando, pienso que debía haber parado la clase e irme. Pero ya es tarde”, dijo. Sin embargo, cuando terminó la clase: “Las señoras de las primeras filas empiezan a aplaudir y los demás las siguen. Hay un gran aplauso final que no me quita el mal cuerpo, pero sí agradezco”.

“Quizá penséis que no tiene importancia. Un mal día. Ok. Pero estas situaciones no tenemos por qué seguir viviéndolas. El problema de las actitudes machistas es que el machista piensa que la cosa no va con él, porque él no incomoda, no agrede. Ejerce sus derechos. Es agotador”, finalizó. Irónicamente, la clase de ese día iba sobre el Guernica: “aquel grito por la libertad”.